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jueves, 16 de octubre de 2025

QUE SE VAYAN TODOS


 

La generación del Sombrero de Paja: jóvenes que marchan por la libertad y la dignidad

 

Por Marco EspinozaS.

 

Inspirados en el símbolo del anime One Piece, los jóvenes de la Generación Z han tomado las calles del país para exigir cambios profundos. Lo que comenzó como una convocatoria en redes sociales se transformó en una movilización masiva y organizada, marcada por la creatividad, la esperanza y la indignación ante la crisis nacional.

 

El símbolo del “sombrero de paja”

 

Durante la marcha del 15 de octubre, cientos de jóvenes, muchos acompañados por sus padres, marcharon en distintas ciudades del Perú. Entre los carteles y banderas destacó una que se ha convertido en ícono de resistencia global: la bandera del sombrero de paja, emblema de los piratas de One Piece.

 

Para los manifestantes, este símbolo no representa violencia, sino rebeldía, amistad y libertad.

“El sombrero de paja y la libertad” —dicen— es el reflejo de una juventud que ya no calla, que defiende lo justo y que se niega a aceptar la indiferencia como destino.

 

Una jornada marcada por el dolor

 

La jornada, sin embargo, terminó en tragedia.

Durante los enfrentamientos con la Policía Nacional del Perú, se registraron numerosos heridos y la muerte del joven Eduardo Mauricio Ruiz Sáenz, quien perdió la vida tras recibir un impacto durante la protesta.

Asimismo, Luis Reyes Rodríguez, otro manifestante, fue alcanzado por un perdigón en la cabeza y permanece en estado grave, a la espera de una intervención quirúrgica de emergencia.

 

Estos hechos han desatado un profundo malestar social y reavivado el debate sobre el uso de la fuerza policial y el respeto a los derechos ciudadanos durante las movilizaciones.

 

“No nos representa”

 

En medio de la indignación, los jóvenes también expresaron su rechazo al gobierno actual, afirmando que no se sienten representados por el presidente ni por la clase política tradicional.

Denuncian que las élites en el poder “han perdido toda legitimidad moral y política”, y que su silencio ante los abusos “solo confirma su desconexión con el pueblo”.

 

“Somos la generación del cambio —no la del miedo—”, expresó una joven durante la marcha.

“Nos llaman revoltosos, pero solo queremos vivir sin miedo y sin mentiras”.

 

Paro indefinido y llamado a la acción

 

Tras los hechos del 15 de octubre, la organización Z, conformada por diversos colectivos juveniles, anunció el inicio de un paro nacional indefinido desde el 16 de octubre, exigiendo justicia para las víctimas y una respuesta concreta del gobierno ante la crisis de seguridad, corrupción y desigualdad.

 

Para muchos, esta movilización marca un antes y un después en la historia reciente del país: una generación que creció en la era digital, pero que hoy elige salir a la calle para reclamar su derecho a un futuro digno.

 

La juventud que no calla

 

La bandera pirata que ondea en medio del humo y las consignas no es una simple referencia a un anime: es el símbolo de una generación que sueña con un país distinto, más justo y humano.

La juventud peruana ha hablado, y lo ha hecho con el corazón en la mano y el sombrero de paja en alto

domingo, 12 de octubre de 2025

CAMINANTE


 

“Se hace camino al andar” — Reflexión por mis 45 años de vida

Por Marco EspinozaS.

Hoy, 12 de octubre, es una fecha importante en mi vida: se conmemoran mis 45 años de existencia. Curiosamente, este año mi cumpleaños cae en domingo, tal como aquel domingo 12 de octubre de 1980 en el que vi la vida por primera vez.
Según he podido averiguar, esta coincidencia se ha repetido siete veces, y si la vida me permite llegar a los 90 años, volverá a ocurrir.

Agradezco profundamente a mis padres, ambos provenientes de la hermosa tierra de Celendín, Cajamarca. Sin ellos, no estaría hoy escribiendo estas líneas.
Mi madre, una mujer humilde, sencilla y trabajadora, dio todo para que nunca nos faltara nada.
Mi padre, un hombre también modesto, sencillo y solidario, me enseñó con su ejemplo el valor del esfuerzo y la honestidad.

Escribo porque siento que si no lo hago hoy, quizá mañana no tenga la oportunidad de expresarlo. Recuerdo aquellas palabras del poeta César Vallejo, quien imaginó su muerte “un jueves santo, cuando las nubes cubran al sol para dar paso a la oscuridad”. Y también viene a mi mente la frase de Robin Williams en su papel de Dr. Patch Adams: “¿Por qué temer a la muerte? La muerte no es el enemigo. Nuestro enemigo es la indiferencia.” Esa indiferencia que nos vuelve fríos, que mata lentamente —tan igual como la soledad, la envidia y otros males que la humanidad ha aprendido a imitar.

Hoy no quiero juzgar si he hecho bien o mal las cosas. Solo puedo decir que me hice camino caminando, que fue el andar el que me enseñó a caminar.
En ese trayecto, como en todos los caminos, hubo obstáculos, desvíos, caídas y saltos que me han dejado lecciones valiosas.

Soy un hombre apasionado en algunas cosas y duro para otras. Lo único que busco es ese camino final, un lugar donde pueda respirar en paz, escuchar el murmullo del agua —ya sea en un río, una catarata o el mar— y contemplar el canto de los pájaros, los loros y las palomas. Sueño con poder admirar el alba y el ocaso del astro rey, y disfrutar de las lecturas que tanto me apasionan, aquellas que el ruido de la vida no me ha permitido saborear plenamente, mientras las polillas amenazan con devorarlas.

Cierro este escrito agradeciendo a la vida, consciente de que nadie es perfecto y que la vida tampoco lo es. Solo me queda seguir luchando, aprendiendo y caminando, hasta encontrar ese final del sendero que el destino ha trazado para este ser humano que aún busca comprenderse en el viaje de la existencia.