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sábado, 1 de agosto de 2026

Cuando la memoria vuelve a encontrarse con Carlos Castillo Ríos

 

 

Mi encuentro con Víctor Domínguez Condezo (VEDOCO): testimonios sobre Carlos Castillo Ríos

Escribe por Marco EspinozaS

 

Conocí a Víctor Domínguez Condezo (VEDOCO) el 15 de diciembre de 2021, durante la presentación del libro Los niños del Perú: clases sociales e ideología, de Carlos Castillo Ríos, realizada en el auditorio de la Municipalidad Provincial de Huánuco.

Aún eran tiempos marcados por la pandemia de la COVID-19. La mascarilla era indispensable y la tarjeta de vacunación con las tres dosis era un requisito para ingresar a muchos espacios públicos. En ese contexto, viajar desde Lima hasta Huánuco representaba toda una odisea: organizar el traslado, instalarse en la ciudad y culminar los preparativos para una ceremonia que tenía un profundo significado para quienes habíamos trabajado en la recuperación de esta importante obra.

Desde Lima también viajaron David Acevedo, exalumno de Carlos Castillo Ríos en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, y Elmer Castillo, sobrino del autor. En lo personal, la expectativa era enorme. Aquel libro era el primero en el que había depositado tanto esfuerzo, dedicación e ilusión.

Mi principal aporte consistió en la reedición íntegra del texto Los niños del Perú: clases sociales e ideología, una labor que comprendió la revisión y transcripción de más de cien páginas. Para esa tarea conté con el valioso apoyo de Margarita, mientras que Elmer Castillo se encargó de los ajustes finales de estilo, redacción y edición. La impresión de los mil ejemplares fue posible gracias al aporte económico de los hijos de Carlos Castillo Ríos, quienes hicieron realidad este homenaje a la memoria intelectual de su padre.

La organización de la ceremonia también fue posible gracias al apoyo de la amiga Karina Ordoñez M., quien colaboró decididamente para que el evento pudiera realizarse.

La presentación comenzó alrededor de las siete de la noche. Integrábamos la mesa de honor Elmer Castillo, David Acevedo, Víctor Domínguez Condezo y quien escribe estas líneas. Entre los asistentes se encontraban familiares de Carlos Castillo Ríos, así como docentes del colegio que lleva su nombre en Quechualoma, distrito de Churubamba. Días después de la ceremonia tuvimos la satisfacción de visitar esa institución educativa y entregar varios ejemplares del libro para enriquecer su biblioteca.

Al finalizar el evento manifesté mi interés por entrevistar a Víctor Domínguez Condezo. Deseaba conocer con mayor profundidad cómo había surgido su amistad con Carlos Castillo Ríos y recoger su testimonio para la memoria de futuras generaciones.

La entrevista se concretó al día siguiente, en el tradicional Café Ortiz de Huánuco. Durante varias horas conversamos sobre sus obras, sus proyectos culturales y los recuerdos que conservaba de Carlos Castillo Ríos. También surgió la idea de organizar un encuentro dedicado a la cultura y al pensamiento humanista, iniciativa que, lamentablemente, quedó postergada debido a la distancia entre Lima y Huánuco y a las circunstancias de aquellos años.

Por diversos motivos no pude regresar a Huánuco ni aceptar la amable invitación de Víctor para permanecer algunos días más en la tierra que tanto amaba. Sin embargo, aquella conversación quedó grabada en mi memoria. Hoy, a través de este escrito y del legado testimonial que tuvo la generosidad de compartir conmigo, pongo a disposición del público uno de los apuntes que VEDOCO realizó antes de referirse a su gran amigo, Carlos Castillo Ríos.

Sus palabras no solo permiten comprender la profunda admiración que sentía por él, sino que también constituyen un valioso testimonio de una amistad forjada alrededor de la educación, la cultura y el compromiso con el Perú.

Algunas revelaciones olvidadas en Huánuco

Apuntes de la intervención de Víctor Domínguez Condezo (VEDOCO) durante la presentación del libro Los niños del Perú: clases sociales e ideología, de Carlos Castillo Ríos. Huánuco, 15 de diciembre de 2021.

La intervención de Víctor Domínguez Condezo (VEDOCO) constituyó uno de los momentos más valiosos de la presentación del libro Los niños del Perú: clases sociales e ideología. Sus recuerdos permitieron reconstruir episodios poco conocidos de la vida académica y humana de Carlos Castillo Ríos, así como reflexionar sobre la vigencia de su pensamiento.

A. Algunas revelaciones olvidadas en Huánuco

VEDOCO recordó que conoció a Carlos Castillo Ríos en la entonces Universidad Nacional de Educación "La Cantuta", institución a la que, con su característico humor, llamaba "La Kantura". Allí lo tuvo como docente en la cátedra La problemática del Perú, entre los años 1975 y 1980.

Sobre su manera de enseñar señaló:

"Era un profesor facilitador; decía que era un partero del conocimiento, porque ayudaba a parir conocimientos por sí y para sí mismos".

Asimismo, recordó que su relación se fortaleció a partir de diversas conferencias sobre la realidad educativa peruana, especialmente aquellas dedicadas al trato que recibían los niños en las escuelas rurales y a la escasa preparación de muchos docentes que llegaban únicamente en busca de una remuneración.

Otro aspecto poco conocido fue el paso de Carlos Castillo Ríos por la entonces Universidad Privada de Huánuco, hoy Universidad de Huánuco, donde desempeñó el cargo de Vicepresidente Académico. Sobre ese periodo comentó con nostalgia:

"Se fue de aquí... nos despedimos".

El destino volvió a reunirlos años después, cuando ambos coincidieron en estudios de Derecho. Castillo Ríos cursaba la carrera como abogado, mientras VEDOCO era estudiante. Recordó que, al preguntarle por qué había decidido estudiar Derecho, Carlos le respondió:

"Estudié leyes para lograr un mejor tratamiento jurídico de los niños en el Perú".

Aquella explicación impresionó profundamente a VEDOCO, quien confesó que esa conversación marcó su vida académica y personal:

"Me explicó los pormenores de la carrera y yo dejé para siempre mis estudios; me sentí su discípulo".

También destacó la amplia sensibilidad artística de Carlos Castillo Ríos. Según VEDOCO, promovió la participación de pintores, poetas y músicos dentro de la universidad porque estaba convencido de que la educación debía dialogar con el arte y la cultura. Sin embargo, lamentó que esa iniciativa no recibiera el respaldo esperado.


B. Los niños del Perú: una obra vigente

Para Víctor Domínguez, la mayor preocupación intelectual de Carlos Castillo Ríos siempre fue el niño peruano. Consideraba que toda su producción académica —desde la pedagogía, la filosofía, la ciencia política y la reflexión sobre la ideología— giraba alrededor de la defensa de la infancia.

Recordó que esa preocupación quedó plasmada en una serie de obras fundamentales:

·        El menor en situación irregular (1967).

·        Derecho de Menores (1968).

·        ¿Problema de menores? (1969).

·        Los niños del Perú (1974).

Asimismo, resaltó que Carlos Castillo Ríos fue uno de los primeros intelectuales peruanos en plantear la necesidad de crear la Educación Inicial como política educativa para atender adecuadamente el desarrollo de la primera infancia.

Durante su exposición, VEDOCO identificó tres grandes ejes presentes en Los niños del Perú.

1. La realidad del niño peruano

Castillo Ríos denunciaba una sociedad marcada por:

·        la explotación;

·        el abandono;

·        el hambre;

·        la marginación;

·        la opresión;

·        la enfermedad;

·        la ausencia de una verdadera justicia para los menores.

Frente a esa realidad proponía una transformación profunda de la estructura social:

"Erradicar la irracionalidad de una formación social que, impune y ciegamente, envilece y atrofia a los niños".

VEDOCO lamentó que, pese al paso de las décadas, muchas de esas denuncias continúen vigentes.

2. La desigualdad social

Castillo Ríos diferenciaba la realidad de los niños según su condición social:

·        el niño burgués y privilegiado;

·        el niño de la clase media;

·        el niño proletario;

·        el niño migrante;

·        el niño trabajador;

·        el niño de la calle.

Según VEDOCO, esta clasificación continúa siendo útil para comprender las profundas desigualdades que aún persisten en el país.

Como alternativa destacó las experiencias pedagógicas inspiradas en educadores como Germán Caro Ríos, convencido de que una educación transformadora sí era posible.

3. Una crítica aún vigente

Al comentar la reedición de la obra, VEDOCO expresó con preocupación:

"Nada se ha hecho".

Criticó la existencia de un currículo único para un país profundamente diverso desde el punto de vista geográfico, cultural y lingüístico, calificándolo como un contrasentido.

También reflexionó sobre los efectos del aislamiento vivido durante la pandemia y la consigna de "Quédate en casa", advirtiendo las consecuencias psicológicas que esta situación dejó en muchos niños y adolescentes.


Interrogantes para el futuro

Como parte de su reflexión, VEDOCO dejó abiertas varias preguntas sobre el porvenir de la niñez peruana:

·        ¿Será el niño del futuro un verdadero protagonista de la transformación social, económica y cultural del país?

·        ¿Cómo responder a las distintas realidades de los niños del campo, de la puna, de las comunidades quechuas, de las ciudades intermedias, de la costa, de las zonas agrícolas o de la gran Lima?

·        ¿Qué papel corresponde asumir a la familia y al Estado en la formación de la niñez?

·        ¿Cómo influye hoy la tecnología en la construcción de la personalidad infantil? ¿Estamos formando niños críticos o simplemente consumidores permanentes de pantallas?


C. El trato a los niños del Perú: una mirada hacia el porvenir

Para VEDOCO, las obras de Carlos Castillo Ríos invitan a analizar la realidad del niño desde diversas dimensiones:

1.     ¿Cómo trata el sistema educativo al niño a través del currículo?

2.     ¿Cómo lo conciben quienes tienen la responsabilidad de educarlo?

3.     ¿Qué trato recibe dentro de su propia familia y de la sociedad?

4.     ¿Cómo es visto por sus compañeros y qué efectos dejaron el aislamiento y la pandemia en sus relaciones humanas?

5.     ¿Qué lugar ocupa hoy la lectura frente al predominio de los teléfonos celulares y las pantallas digitales?

Finalmente, sostuvo que solo escuchando directamente a los niños e investigando con profundidad será posible comprender su realidad y construir respuestas auténticas.

Con tono crítico afirmó que el Perú continúa mostrando profundas contradicciones:

"Tanto abandono a los niños, con tanta política malsana e indiferente a las necesidades del pueblo".

Y añadió una frase que resume buena parte de su preocupación:

"Ya no se forma; se deforma".

Al concluir su intervención, VEDOCO hizo un llamado a mostrar a las nuevas generaciones el país tal como es, sin ocultar sus problemas ni renunciar a transformarlo:

"Hay que decirle al niño: este es el Perú, y no el Perú del otro".

Como reflexión final sostuvo que, para muchos niños peruanos, todavía persisten formas de exclusión que recuerdan las antiguas divisiones de la época colonial, como si aún sobreviviera la separación entre la "República de Españoles" y la "República de Indios", incluso en pleno Bicentenario del Perú.

Huánuco, 15 de diciembre de 2021.

 


jueves, 16 de octubre de 2025

QUE SE VAYAN TODOS


 

La generación del Sombrero de Paja: jóvenes que marchan por la libertad y la dignidad

 

Por Marco EspinozaS.

 

Inspirados en el símbolo del anime One Piece, los jóvenes de la Generación Z han tomado las calles del país para exigir cambios profundos. Lo que comenzó como una convocatoria en redes sociales se transformó en una movilización masiva y organizada, marcada por la creatividad, la esperanza y la indignación ante la crisis nacional.

 

El símbolo del “sombrero de paja”

 

Durante la marcha del 15 de octubre, cientos de jóvenes, muchos acompañados por sus padres, marcharon en distintas ciudades del Perú. Entre los carteles y banderas destacó una que se ha convertido en ícono de resistencia global: la bandera del sombrero de paja, emblema de los piratas de One Piece.

 

Para los manifestantes, este símbolo no representa violencia, sino rebeldía, amistad y libertad.

“El sombrero de paja y la libertad” —dicen— es el reflejo de una juventud que ya no calla, que defiende lo justo y que se niega a aceptar la indiferencia como destino.

 

Una jornada marcada por el dolor

 

La jornada, sin embargo, terminó en tragedia.

Durante los enfrentamientos con la Policía Nacional del Perú, se registraron numerosos heridos y la muerte del joven Eduardo Mauricio Ruiz Sáenz, quien perdió la vida tras recibir un impacto durante la protesta.

Asimismo, Luis Reyes Rodríguez, otro manifestante, fue alcanzado por un perdigón en la cabeza y permanece en estado grave, a la espera de una intervención quirúrgica de emergencia.

 

Estos hechos han desatado un profundo malestar social y reavivado el debate sobre el uso de la fuerza policial y el respeto a los derechos ciudadanos durante las movilizaciones.

 

“No nos representa”

 

En medio de la indignación, los jóvenes también expresaron su rechazo al gobierno actual, afirmando que no se sienten representados por el presidente ni por la clase política tradicional.

Denuncian que las élites en el poder “han perdido toda legitimidad moral y política”, y que su silencio ante los abusos “solo confirma su desconexión con el pueblo”.

 

“Somos la generación del cambio —no la del miedo—”, expresó una joven durante la marcha.

“Nos llaman revoltosos, pero solo queremos vivir sin miedo y sin mentiras”.

 

Paro indefinido y llamado a la acción

 

Tras los hechos del 15 de octubre, la organización Z, conformada por diversos colectivos juveniles, anunció el inicio de un paro nacional indefinido desde el 16 de octubre, exigiendo justicia para las víctimas y una respuesta concreta del gobierno ante la crisis de seguridad, corrupción y desigualdad.

 

Para muchos, esta movilización marca un antes y un después en la historia reciente del país: una generación que creció en la era digital, pero que hoy elige salir a la calle para reclamar su derecho a un futuro digno.

 

La juventud que no calla

 

La bandera pirata que ondea en medio del humo y las consignas no es una simple referencia a un anime: es el símbolo de una generación que sueña con un país distinto, más justo y humano.

La juventud peruana ha hablado, y lo ha hecho con el corazón en la mano y el sombrero de paja en alto

domingo, 12 de octubre de 2025

CAMINANTE


 

“Se hace camino al andar” — Reflexión por mis 45 años de vida

Por Marco EspinozaS.

Hoy, 12 de octubre, es una fecha importante en mi vida: se conmemoran mis 45 años de existencia. Curiosamente, este año mi cumpleaños cae en domingo, tal como aquel domingo 12 de octubre de 1980 en el que vi la vida por primera vez.
Según he podido averiguar, esta coincidencia se ha repetido siete veces, y si la vida me permite llegar a los 90 años, volverá a ocurrir.

Agradezco profundamente a mis padres, ambos provenientes de la hermosa tierra de Celendín, Cajamarca. Sin ellos, no estaría hoy escribiendo estas líneas.
Mi madre, una mujer humilde, sencilla y trabajadora, dio todo para que nunca nos faltara nada.
Mi padre, un hombre también modesto, sencillo y solidario, me enseñó con su ejemplo el valor del esfuerzo y la honestidad.

Escribo porque siento que si no lo hago hoy, quizá mañana no tenga la oportunidad de expresarlo. Recuerdo aquellas palabras del poeta César Vallejo, quien imaginó su muerte “un jueves santo, cuando las nubes cubran al sol para dar paso a la oscuridad”. Y también viene a mi mente la frase de Robin Williams en su papel de Dr. Patch Adams: “¿Por qué temer a la muerte? La muerte no es el enemigo. Nuestro enemigo es la indiferencia.” Esa indiferencia que nos vuelve fríos, que mata lentamente —tan igual como la soledad, la envidia y otros males que la humanidad ha aprendido a imitar.

Hoy no quiero juzgar si he hecho bien o mal las cosas. Solo puedo decir que me hice camino caminando, que fue el andar el que me enseñó a caminar.
En ese trayecto, como en todos los caminos, hubo obstáculos, desvíos, caídas y saltos que me han dejado lecciones valiosas.

Soy un hombre apasionado en algunas cosas y duro para otras. Lo único que busco es ese camino final, un lugar donde pueda respirar en paz, escuchar el murmullo del agua —ya sea en un río, una catarata o el mar— y contemplar el canto de los pájaros, los loros y las palomas. Sueño con poder admirar el alba y el ocaso del astro rey, y disfrutar de las lecturas que tanto me apasionan, aquellas que el ruido de la vida no me ha permitido saborear plenamente, mientras las polillas amenazan con devorarlas.

Cierro este escrito agradeciendo a la vida, consciente de que nadie es perfecto y que la vida tampoco lo es. Solo me queda seguir luchando, aprendiendo y caminando, hasta encontrar ese final del sendero que el destino ha trazado para este ser humano que aún busca comprenderse en el viaje de la existencia.

sábado, 13 de septiembre de 2025

EL FRENTE ÚNICO DE POSTULANTES


 

El Frente Único de Postulantes

Escribe: Marco EspinozaS.

Cuando llegas a culminar la escuela empieza otra etapa que es el de ingresar a una universidad pública, no obstante, empieza la odisea del “eterno postulante” —lo denomino así, al postulante, que nace de los conos alejados de Lima Centro—.

El inicio del siglo XXI y las profecías de algunos profesores que pensaban que con la llegada del año 2000 se terminaba la etapa de la humanidad, sin embargo, nada de ello ocurrió. Todo lo contrario ocurriría a inicios del año 2000, huelgas, marchas, movilizaciones y toma de carreteras en todo el Perú, todo ello por la crisis social que se agudizaba cada día más y más a consecuencia de las políticas públicas y privadas impartidas por el gobierno fujimorista. Lo curioso es que “el eterno postulante” tenía que viajar horas y horas por llegar a una academia en el Centro de Lima para prepararse en matemáticas y letras y así poder conseguir la ansiada vacante que le permita estudiar en una universidad pública.

Al recorrer las calles “el eterno postulante” podría palpar la realidad ocultada por la escuela, que tras once años de estudios, se lo había negado. El gasto de pasaje diario, el comer en la calle y volver a su casa para dormir, fueron duros golpes que le propinaron el día a día —se dice que el caminante se hace caminando—.

Así “el eterno postulante” tiene que acudir cada mañana a la academia para aprender las preguntas posibles que pudieran venir en el examen de admisión, que generalmente, eran dadas a inicio y a mitad de año, además, de ello tendría que pagarse sus estudios, lo cual generaba la pregunta: el de trabajar para poder estudiar, de ahí que más de un “eterno postulante” tenía que salir de la academia al trabajo y así giraba su día a día, sin embargo, tendría que quitarle horas de sueño para poder resolver aquellos temas desarrollados en clase.

“El eterno postulante” tendría que convivir con la realidad social el cual le permitió ser un crítico de lo que sus profesores llamaban “el sistema”. En clase sus profesores dictaban y explicaban, —el calor que hacía dentro de las aulas, más de 30 “eternos postulantes” y el hambre invocaban al dios del sueño, que generalmente se daban al final de cada fila—.

En el mundo del “eterno postulante” había los que iniciaban un “anual” —se decía de los estudiantes que iniciaban en marzo y culminaban en noviembre—, luego los que realizaban un “semestral”, que eran los que estudiaban de julio a diciembre y finalmente llegaba “el repaso” que era para estudiantes que habían tenido un “anual” y estaban listo para dar el famoso examen de admisión. Pero la odisea del “eterno postulante” no acababa ahí, a ello se sumaba que debería pagar un derecho por dar el examen de admisión y también, las pocas vacantes, que las universidades ofrecían a ellos. Por ejemplo en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, año 2001, habían aproximadamente 60 mil postulantes para 3500 vacantes y así en las demás universidades públicas, con ese panorama nació el Frente Único de Postulantes (FUP), estudiantes de diversas academias, como: ADUNI, César Vallejo, Auriel, Círculo, Lima San Marcos, Pitágoras, Trílce, Cruz Saco, entre otras. Cito a continuación, un fragmento de un volante que circulaba en aquellos años de marchas y plantones a las afueras de la Decana de América —así se le llama a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos:

El frente único de postulantes (FUP) demandó a las universidades estatales y, en particular, a la universidad de San Marcos, ampliar el número de vacantes para el ingreso a estas casas superiores de estudio, así como una actitud de apertura que permita a los jóvenes acceder en igualdad de condiciones a estudiar una carrera universitaria.

            El FUP sigue siendo un frente que nació a las afueras de las academias y que perdura hasta la actualidad, y es que, hasta la fecha siguen los mismos problemas, hay más vacantes para los que estudian en los llamados Centro Pre y los costos por derecho de admisión son altos.

jueves, 19 de junio de 2025

CUMPLEAÑOS 98


 Semblanza al maestro Carlos Castillo Ríos

Escribe Marco Espinoza S.

Hoy, 18 de junio, conmemoramos con gratitud y profunda admiración los 98 años del nacimiento del maestro, educador, intelectual y humanista Carlos Castillo Ríos, una figura señera en la historia de la pedagogía, la criminología juvenil y el pensamiento social peruano.

Carlos Castillo Ríos nació un día como hoy, en 1927, en la ciudad de Huánuco, tierra de gente noble y clima generoso. Hijo de Don Carlos Castillo Cárdenas, profesor huanuqueño, y Doña Zenaida Ríos, Carlos creció en un entorno donde la educación y la palabra eran ejes fundamentales. Compartió su infancia con sus hermanas, Athala y Flor, en una familia que valoraba el saber y el compromiso con la comunidad.

Durante su niñez, entre 1934 y 1937, acompañó a su padre a Huancayo, donde estudió en la Escuela 30054 Santa María Reyna. Fue ahí donde germinó su vocación por la escritura, participando en el periódico mural del colegio. En una de sus últimas entrevistas, relató que su padre corregía sus textos y lo convirtió en su secretario, iniciándolo así en el arte de escribir con profundidad y sentido social.

A los 16 años, ya en Trujillo, escribía para un diario local y entabló amistad con notables figuras como Mario Florián y Antenor Orrego. Poco después, entre 1944 y 1948, se trasladó a Lima, donde escribió para el diario Última Hora, junto al poeta Juan Gonzalo Rose, a quien consideraba no sólo un gran poeta, sino también un amigo entrañable.

A lo largo de su vida, Carlos Castillo Ríos conjugó con maestría su amor por la enseñanza, su espíritu crítico y su vocación humanista. En 1959, obtuvo el doctorado en Educación por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, con la tesis Hacia una Escuela de Orientación Integral. También estudió Derecho y realizó estudios de postgrado en Francia, en la Universidad de La Sorbona, especializándose en criminología y derechos del menor.

Su trayectoria lo llevó a representar al Perú en múltiples eventos internacionales: congresos panamericanos, seminarios de las Naciones Unidas en Suecia, Dinamarca y Japón, y misiones sociales en Nicaragua, donde vivió de cerca el proceso revolucionario y compartió momentos con el poeta y sacerdote Ernesto Cardenal.

Fue actor clave en la Reforma Educativa de 1972 durante el gobierno del general Velasco Alvarado, junto a figuras como Walter Peñaloza y Emilio Barrantes, participando en la redacción de la Ley General de Educación, con visión transformadora y compromiso por una escuela pública más inclusiva y humanista.

Autor de una prolífica obra, su pensamiento se plasmó en libros como Manual de Libertad Vigilada (1963), Los niños del Perú (1975), Medicina y Capitalismo (1979), entre otros. Su enfoque interdisciplinario y su preocupación por la infancia vulnerable marcaron su legado académico y político. Fue docente universitario, investigador incansable, director de políticas públicas, escritor de prensa nacional, y formador de generaciones.

Castillo Ríos fue amigo cercano de intelectuales como Pablo Macera, Washington Delgado, Oswaldo Reynoso, Manuel Scorza, y muchos otros que reconocieron en él no solo a un académico brillante, sino a un hombre profundamente comprometido con la justicia social.

En 2009, su sobrino Elmer Castillo le realizó una emotiva entrevista en la que se le preguntó si se sentía más escritor o educador. Con la sabiduría de quien ha vivido con autenticidad, respondió: “No sé, Elmer. Me gusta enseñar, sobre todo que entiendan lo que se les enseña. Pero también eso de escribir ensayos ha sido la pasión de mi vida”.

Falleció el 17 de octubre de 2013, a los 86 años, víctima del alzhéimer. En sus últimos años, soñaba con sentarse en la Plaza de Armas de su amada Huánuco, escuchando el tonito de su gente y compartiendo recuerdos con los viejos amigos de siempre.

Hoy lo recordamos no solo por lo que escribió, enseñó o construyó, sino por la coherencia entre su vida y sus ideas. Porque Carlos Castillo Ríos no solo pensó el Perú, lo vivió intensamente.

lunes, 26 de mayo de 2025

PROCESADOS PENALMENTE POR SER ADOLESCENTES


 

La realidad social del adolescente y sus familias

Escribe: Marco EspinozaS.

Ya no puedo seguir callando ante tantas atrocidades que suceden en este gobierno de la señora Dina, cada minuto que transcurre salen cortinas de humo, psicosociales, etc., para encubrir el robo que les hacen a todos los peruanos. Robo en la policía, robo en el Ministerio de Salud, robo en el Ministerio de Energía y Minas y en todo el aparato estatal, por otro lado, observo a niños vendiendo caramelos, lustrando zapatos, drogándose, además a ello: niños que duermen en las calles, niños desnutridos, etc., y de los hospitales podemos decir tantas cosas como la indiferencia descarada sobre cómo se despilfarra el dinero en el gobierno actual. La prensa pelele y marioneta es cómplice a lo que hoy sucede, son ellos los que cumplen el papel de mal informar y generar caos para que de esa manera las personas más humildes sigan ciegos y preocupados por si mismos sin importarle al otro.

Hoy el gobierno promulga una Ley 32330, ley que modifica los artículos 20 y 22 del Código Penal para que los adolescentes de entre 16 y 17 años puedan ser procesados penalmente como adultos si cometen delitos gravesComo pretenden decir que los adolescentes serán juzgados como adultos cuando ellos mismos los han empujado a que sean adultos, cuando ellos mismos los han empujado a que cometan esos delitos, al respecto nos dice Castillo (1974): el niño o infante es parte de una familia, la familia es parte de una sociedad; la sociedad, en este caso la sociedad peruana, no es uniforme, sino más bien  está  conformada  por  clases  sociales  bien  diferenciadas.  Por  lo  tanto  “cada  uno  de  estos  grupos  humanos  llamados  familia  cumplen  el  papel  que  las  relaciones  de  producción, la lucha de clases y la evolución de la sociedad les ha asignado” (p.28).

El adolescente que comete delito es parte de una familia y de ante mano de una sociedad y esta sociedad en la que vivimos es de clases, no es lo mismo un adolescente que tiene todo a su alcance y un adolescente que tiene que llevar dinero a su casa pues sino le cortan el agua, le cortan la energía, no podría alimentarse, no podría vestirse ni mucho menos atenderse en un hospital y comprarse la medicina que le recetan, esa es la sociedad en la que vivimos. Me pregunto si actualmente estos hijos del pueblo que nos gobierna han pensado en eso cada vez que se gastan millones de soles en armas, en relojes de oro, en recepciones y consultorías y ahora en trenes viejos y contaminantes. Permítanme citar otro texto de Castillo (1983):

Reviso mis empolvados libros sobre adolescentes y, en verdad, me espanto. Resulta que la adolescencia no se caracteriza solamente por ser un periodo de crecimiento y maduración endocrino-genital acentuados sino, también, por ser época de tensiones y preocupaciones en torno a los problemas vitales que agobian a él y a su familia. El adolescente tiene, dicen los más connotados autores, inquietudes, reacciones impulsivas, identificaciones generosas y audaces (p.11).

Claramente lo dice un especialista en menores, el adolescente vive en un crecimiento de tensiones y preocupaciones. Ahora sería bueno que en vez de crear leyes crearan proyectos para acompañar a estos adolescentes de las zonas más humildes para conseguir sus objetivos y de esa manera apoye a su familia y a la vez haga empresa en su tierra. Basta ya de engañarnos a nosotros mismos cuando sabemos que tenemos lo que tenemos porque lo hemos empujado a ello y trabajemos desde las escuelas para cambiar nuestra sociedad de clases.

Este gobierno que hoy saca Leyes y decretos de zonas de emergencia piensa que con ello acabara con la delincuencia, el sicariato y las extorsiones, cuando saben que son ellos mismos los culpables de lo que sucede, sin lugar a duda que atrás de todo esto esta una mano negra, un cerebro acostumbrado a manipular las cosas para salir bien librado de la justicia, tal vez sea un exagente de inteligencia que ya una vez traiciono a la patria y que hoy lo premian en celdas de lujo y con Leyes para que salga libre. Hace unos días inventaron una balacera entre personas vestidas de policías y personas vestidas de delincuentes cuando al final ambos son delincuentes, pretenden así decir que tenemos una policía que nos vigila, cuando es todo lo contrario. El mundo sigue avanzando y las personas más humildes siguen trabajando para sobrevivir a un aparato dictatorial e inhumano.

Al respecto en una cita de Castillo citado por Canqui (2020), nos dice:

La clase trabajadora y menos favorecida constituye la gran mayoría del país, por su misma  naturaleza  de  padecer  de  opresiones  tienden  a  desconfiar  de  todo.  La  clase  obrera  en  general,  “vive  como  si  vivir  fuese  una  obligación  que  hay  que  soportar  sin quejas ni resistencias, con resignación” (p. 110). Por lo tanto, resulta sumamente complicado que tengan expectativas sobre su futuro, pues su filosofía de vida consiste en subsistir del día a día (p. 3).

Referencias

Canqui, G. (2020). Reseña del libro Los niños del Perú. Espiral, revista de geografías y ciencias sociales, 2(4), 213 - 216. http://dx.doi.org/10.15381/espiral.v2i4.19539

Castillo Ríos, C. (21 de enero de 1983). Los adolescentes de Ayacucho. La República, p. 11.