Castillo Ríos desenmascara la “ofensiva cultural”
“No se puede hacer cultura
con aspirinas”
Escrito por José Alva S.
Reeditado por Marco EspinozaS.
El presidente García mezclo
cuidadosamente los ingredientes para el sortilegio, levantó su varita y
pronuncio las palabras mágicas: “Las
juventudes de América Latina Están contagiadas e idiotizadas por el colonialismo
cultural de las televisoras, de las novelas, de los panfletos”… ¿acaso la
Cámara de Diputados o Senadores han hecho algo para reglamentar el contenido
cultural de la televisión?...” Y ¡Plaff!, como por arte de magia ya tenemos
la “Ofensiva Cultural” en nuestras pantallas. Un analgésico cultural de dos
horas, para el deprimente cuadro de pobreza en los canales privados.
EL
EXORCISTA I Y II
Sexo, violencia, huachafería, alienación
son los endémicos trastornos de nuestra televisión desde hace más de treinta años
y todavía no tienen solución.
La
llamada Ofensiva Cultural, ¿fue una
muestra de colaboración y desprendimiento de los empresarios?... No le parece. Es
indudable que las palabras del presidente tuvieron un efecto inquietante para
ellos. Y eso que sólo habló del contenido
cultural de los programas. Entonces levantaron su cruz de fuego y dijeron ¡Vade retro!, al demonio del
intervencionismo en la libertad de información; publicaron un exorcizante comunicado
como miembros de la Cámara Peruana de la Televisión, en que afirman que existe el
peligro del intervencionismo estatal. Además, ellos “siempre han dado muestras de responsabilidad y capacidad de concertación,
y han puesto sus ondas al servicio de alturadas causas, para servir a la
comunidad”. Siempre van a sostener esto; pero los peruanos tenemos la prueba,
somos testigos oculares de lo que sucede día a día en nuestras pantallas.
Creemos
que le veredicto no les será muy favorable.
ANTENAS AL RISTRE
Hay
opiniones diversas con respecto a la Ofensiva Cultural. Por ejemplo, Carlos
Castillo Ríos, abogado y educador de prestigio, interesado además en la problemática
de nuestra televisión, no está muy contento que digamos. “Sí, es una ofensiva cultural, pero contra el televidente. Siempre ha
sido así. ¿De qué nos valen estas pequeñas aspiraciones de conocimiento si la televisión
va a seguir preconizando valores ajenos a los nuestros, incitando siempre a la
violencia?”. Afirma además que hay una franca contradicción entre los
contenidos que brinda la televisión y los que preconiza la educación formal.
Los
dueños arguyen que el televidente decide con sus gustos por tal o cual
programa, pero Castillo Ríos opina que no debería ser así, piensa que se les
debe dar oportunidad a los líderes de las comunidades y organizaciones de las
distintas regiones del país para que expresen sus problemas y sus posibles
soluciones.
Cuando
incidimos en que los empresarios apelarían al derecho de la libertad de expresión,
de la libre empresa, respondió que teníamos razón sólo en una cosa: la libertad
de empresa: porque, ¿Quiénes tiene la oportunidad de expresarse?, únicamente
ellos, los empresarios. ¿Y el resto de la población? Una pregunta que algunos
no quisieran contestar.
“Lo
que hace falta es un Consejo Nacional de Radio y Televisión, -propone Castillo
Ríos- conformado por los diferentes sectores de la sociedad organizada:
Universidades, empresarios colegios profesionales, intelectuales, para que
definan el tipo de programación que va a regir en el país. Esto se ha llevado a
cabo con éxito en los diversos estados europeos”.
Por
ultimo le preguntamos si cree que esta “avanzada cultural” se profundice. No, no creo, respondió ellos son fieles exponentes
de la cultura extranjera y, no cabe que en sus canales transmitan algo que no
la represente. Esperemos que Castillo se equivoque por el bien de la
cultura nacional.
EL OTRO CANAL
Por
el otro lado Carlos Guillen, Presidente del Directorio del Canal 7, tuvo frases
elogiosas para los dueños de los canales: “Creo
que en la mente de los señores empresarios siempre se ha encontrado presente la
voluntad de incentivar la cultura y la educación en el país. Un saludo a la
bandera.
Muy
cuidadoso en sus respuestas, Guillén sostiene que ésta campaña es algo que recién
se está iniciando, pero que debió realizarse hace mucho tiempo. Ahora él tiene
la esperanza de que se profundice y amplíe su horario de cobertura cultural.
Cuando
le preguntamos el porqué de sus benevolentes opiniones, respondió: “Yo no tengo por qué ser benevolente con las
televisoras privadas, pero tampoco tengo que ser su fiscal. Ellos han definido su
política y nosotros la nuestra”. Un lindo quite de cuero y ¡Olé!...
En
cuanto a la reducción de la violencia en las pantallas, sostiene que hasta en
los países más civilizados, los horarios son reglamentados, y no se explica por
qué no sucede algo igual aquí! “Que
exista libertad en los contenidos, que cada uno coloque lo que quiera, y cada
persona vea lo que le interesa. Pero eso sí: respetando los horarios para niños
y, colocando los programas de acción y violencia en horas más adecuadas”.
¿Esta ola cultural quedará en puro salpicón?,
¿llegará por lo menos a mojarnos los pies? No lo sabemos, pero ahí la vemos
venir. Esperamos. (José Alva S.).
Referencia
Alva S., J. (5 de agosto de
1988). Castillo Ríos desenmascara la “ofensiva cultural” “No se puede hacer
cultura con aspirinas”. La República,
pp. 14-15.